Me pasa que estoy extrañando la ciudad, mucho. No sé si es porque se convirtió en la asignatura más pendiente de mi vida o por mi instinto a rechazar todo lo que me toca pero siento que la extraño. No sé, me parece que quiero volver, ahora que me voy para el otro lado me quiero volver. Soy tan genia, por estas cosas es que me amo tanto. A ver si me explico: Estoy segura, segurísima que mi lugar en el mundo es Capital, esa idea no me la saca nadie de la cabeza. Su gente, sus lugares, todo eso es lo que yo quiero para mí en mi vida y aún así viviendo ahí no lo tenía. Me volví del lugar al cuál siempre quise pertenecer. Bastante pelotuda pensarán, y yo se los confirmo pero mi error no fue haberme ido, sino haberme ido en las condiciones en que me fui, las peores que hubiera podido elegir. Me fui mal y la pase peor, por ansiosa o apurada o por Luciana que soy nomás... situaciones que me obligaron a retirarme por mi propio bien, renunciando a lo que pudo ser la oportunidad de mi vida. Así que agaché la cabecita y me fui silbando bajito lo más lejos que me fue posible, con destino a otra ciudad de la que no tengo expectativa alguna, esperando que se me pase rápido y poder entonces sí, volver a caminar por las calles de Palermo.
No hoy ni tampoco mañana, no voy a volver a Capital hasta que pueda vivir en las condiciones que yo prentendo. Y en este momento, no puedo. No estoy cambiando de opinión, nunca estuve tan segura de querer vivir ahí. Tiempo al tiempo, tengo que esperar.
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28.12.10
19.8.10
Odio tomar decisiones
Es fija, si tengo que elegir entre blanco y negro -y encima me aconsejan que elija el blanco-, voy a elegir el negro. Después me voy a arrepentir. Siempre, pero siempre me equivoco y lo peor es que soy conciente de que me estoy equivocando. Pareciera que lo disfruto, me encanta arrepentirme y tener que deshacer todo para volver a empezar. Y conforme se pasa el tiempo la cosa se va poniendo más complicadita...
Antes te tocaba elegir entre la Barbie morocha y la Barbie rubia, entre el caramelito de cereza o el de frutilla, la taza verde o la rosa. Ahora se trata de Medicina o Ingeniería nuclear, trabajar o estudiar, seguir tu vocación o lo que te es rentable. Es tu futuro, es tu vida. Y lo odio. Lo odio porque yo no soy de esas personas que se ponen a analizar todas las posibilidades, tomo la decisión con los ojos cerrados y cuando me doy cuenta de que le estoy errando ya estoy encaminada y comprometida hasta las pelotas. Mis 18 años no me dieron la madurez suficiente como para saber elegir cuestiones de esta magnitud y fiel a mi estilo, todavía no aprendí a escuchar lo que todos me gritaban en el oído.
Me arrepentí, hicieron falta 4 meses para que me diera cuenta de que Capital no me gusta nada. No es la carrera, es la ciudad. No, no los estoy cargando. Capital no me presentó al amor de mi vida ni me unió con el grupo de amigos que esperaban por mí, ni siquiera me llevó a un recital. Capital me arrebató lo único que era mío, Capital me dejó sola, Capital me hizo dar cuenta de muchisimas cosas pero por sobre todo de lo mucho que quiero a mi humilde y fuera de onda Mar de Ajó, de lo mucho que extraño a mi familia. No me la banco, no creo ser capaz de seguir estando en un lugar que pareciera no quererme ni un poco. ¿Cómo confesarles a todos los que me ayudaron a cumplir mi deseo de vivir en la Gran Ciudad que esto no me está gustando? ¿Qué iban a pensar si les digo que me arrepiento, que me di cuenta de que no era yo la que tenía razón? ¿Puedo ahora hacer de cuenta que nada pasó y volver a empezar, otra vez?
Tengo la suerte de contar con una familia que es más de lo que merezco, y en vez de pegarme una patada en el orto con destino a Almagro, me dio un abrazo. Fui yo la que tuve que tuve que agachar la cabeza y confesarles que me equivoqué. Me equivoqué. Me vivo equivocando.
Antes te tocaba elegir entre la Barbie morocha y la Barbie rubia, entre el caramelito de cereza o el de frutilla, la taza verde o la rosa. Ahora se trata de Medicina o Ingeniería nuclear, trabajar o estudiar, seguir tu vocación o lo que te es rentable. Es tu futuro, es tu vida. Y lo odio. Lo odio porque yo no soy de esas personas que se ponen a analizar todas las posibilidades, tomo la decisión con los ojos cerrados y cuando me doy cuenta de que le estoy errando ya estoy encaminada y comprometida hasta las pelotas. Mis 18 años no me dieron la madurez suficiente como para saber elegir cuestiones de esta magnitud y fiel a mi estilo, todavía no aprendí a escuchar lo que todos me gritaban en el oído.
Me arrepentí, hicieron falta 4 meses para que me diera cuenta de que Capital no me gusta nada. No es la carrera, es la ciudad. No, no los estoy cargando. Capital no me presentó al amor de mi vida ni me unió con el grupo de amigos que esperaban por mí, ni siquiera me llevó a un recital. Capital me arrebató lo único que era mío, Capital me dejó sola, Capital me hizo dar cuenta de muchisimas cosas pero por sobre todo de lo mucho que quiero a mi humilde y fuera de onda Mar de Ajó, de lo mucho que extraño a mi familia. No me la banco, no creo ser capaz de seguir estando en un lugar que pareciera no quererme ni un poco. ¿Cómo confesarles a todos los que me ayudaron a cumplir mi deseo de vivir en la Gran Ciudad que esto no me está gustando? ¿Qué iban a pensar si les digo que me arrepiento, que me di cuenta de que no era yo la que tenía razón? ¿Puedo ahora hacer de cuenta que nada pasó y volver a empezar, otra vez?
Tengo la suerte de contar con una familia que es más de lo que merezco, y en vez de pegarme una patada en el orto con destino a Almagro, me dio un abrazo. Fui yo la que tuve que tuve que agachar la cabeza y confesarles que me equivoqué. Me equivoqué. Me vivo equivocando.
10.8.10
10.6.10
Odio decir que estoy conectada en un ciber, odio profundamente los ciber y más ahora que los necesito.
Me robaron, capital no deja de desencantarme; aprobe Cs. politicas increiblemente con un 8; sigo sola, sigo viva y respirando; tengo un moretón en el cachete y una maldita pulga me viene haciendo la vida imposible desde hace tiempo. No sé, no tengo novedades.
Me robaron, capital no deja de desencantarme; aprobe Cs. politicas increiblemente con un 8; sigo sola, sigo viva y respirando; tengo un moretón en el cachete y una maldita pulga me viene haciendo la vida imposible desde hace tiempo. No sé, no tengo novedades.
2.6.10
Son tiempos dificiles.
Pongamosle un FF a esta adolescencia de mierda, adelantémonos a los 30 para cuando todos ya estamos casamos, ya fuimos cornudos, nos recibimos y estamos hasta las pelotas con problemas de fácil solución.
Ya estoy harta de clavos en el orto, experiencias nuevas y aprendizaje constante, ni hablar de las búsquedas sin recompensa y las frustraciones que acarrean: Me tengo las pelotas llenas de seguir siempre igual, de sentir lo mismo, de llegar a disfrutar romperme la cabeza contra la pared sin importar lo mucho que me duele cada nueva cicatriz. ¿Tanto puede costar separarse de lo que me hace mal? ¿Hasta donde puedo llegar? Y si siempre pienso en límites la verdad es que me cago en mis teorías porque sigo (y los factores harán lo imposible para que así sea siempre) arrastrando toda la mierda, todo este peso que me hace volver siempre al punto de partida: frustrada, infeliz y sola, malditamente sola. Que pendeja de mierda ¿no?
Muchas veces les echo la culpa a ustedes y tengo ganas de recluirme en alguna isla solitaria para evitar ese molesto contacto que me hace bajar tanto, después me viene a la cabeza una frase que alguien alguna vez me dedicó: los fantasmas viven únicamente en tu cabeza así que ni siquiera mudándome a la isla más chiquita del archipiélago más lejano voy a poder vivir en paz, que copado eh? Que panorama más alentador. Ahora bien, ¿Cuantos años más voy a tener que seguir bancándomela así? Porque les cuento que a veces todos estos pensamientos que tengo atragantados se alborotan y quieren salir, últimamente están bastante rebeldes y yo más desmotivada, controlarlos ya no me gusta tanto pero vomitarlos no es una posibilidad posible. Vuelta a lo mismo, soy increíble.
Mi problema más grande soy yo y hasta que no me lo meta en la cabeza no puedo avanzar en nada, con nada, con nadie. El problema más problemático de ser YO es que no tengo arreglo, con el diagnóstico en mano no puedo curarme, ni siquiera sé si existe alguna maldita cura pero lo que sí sé es que esta enfermedad está matando la poca esperanza que guardaba.
Estoy empezando a resignar todo aquello que -creia- formaba parte de mi destino: la carrera de mi vida, encontrar al individuo capaz de quererme SIN PEROS NI RESTRICCIONES, levantarme cada mañana sabiendo que tengo todo lo que me hace falta, todo lo que siempre quise; en cambio lo más probable es que mi vida a los 30 sea la de una oficinista mediocre casada con otro oficinista mediocre, padre de mis hijos mediocres en esta ciudad tan mentirosa, que tanto me prometió y a cambio no me da nada. Pero si ese es mi verdadero y único destino, si ser una fracasada, infeliz y sola -aún con un marido- es mi final feliz, por favor que esta transición se pase rápido porque esto de asesinar mis creencias, planes e ideales no me genera ningún placer. Me duele y me molesta, muchisimo.
¿Me pasas el control remoto? Esta película ya me aburrió
La culpa la tiene
city porteña,
cosas que pasan,
crisis,
el corazón.,
Facultad,
Lo que quiero,
Luciana,
muerta estoy,
wannabe
27.3.10

Listo. Ya cerré el último de los cierres, ya cargué la última de las cajas. Es un hecho: me voy. Me voy persiguiendo una adaptación del sueño americano, uno que promete un prospero futuro. Mañana, cuando salga por esta puerta, voy a encontrar que ante mis ojos tengo más de un millón de caminos...
Y todos esperan por mí.
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